Deja que el sol mañanero
sobre los cardos reluzca,
y que la estrella traduzca
la honda sed del caminante
que encontró en la arena errante
aquello que nadie busca.
Aquí está el poema de Alberto Arvelo Torrealba y Guillermo Jiménez, de donde vienen estos versos que tanto me gustan.
Y aquí están, cantados por la dulcísima voz de Cecilia Todd.