Relataré ahora una historia de nuestro lejano pasado.
En algún momento de mediados del siglo XXI, un “científico loco” de esos que en esa época brotaban como flores en primavera, desarrolló una invención que por sus características, y dado el momento histórico en que se produjo, tuvo un éxito inmediato, y tremendas implicaciones sociales.
La máquina de los sueños, como fue llamada, era un dispositivo que permitía grabar y luego reproducir los sueños de quien estuviese conectado a ella. Era, hay que decirlo, un dispositivo curioso. Si se conectaba a ella una persona en estado de vigilia, la máquina grababa y reproducía únicamente algo así como “ruido blanco”. En la pantalla se veía el mismo tipo de “señal” que en los televisores antiguos cuando no tenían señal. Pero en cuanto la persona comenzaba a soñar, imágenes y sonidos de los más variados, vívidos y detallados eran registrados. Esto contradecía todas las teorías científicas sobre el funcionamiento del cerebro y la mente. La máquina era algo así como un “puente” o una “conexión” con el reino de los sueños, y era completamente inútil en el estado de vigilia. Por más esfuerzos que se hiciesen en “pensar” o imaginar colores, formas y situaciones, su registro en estado vigílico era nulo.
Primero, el arte de la época fue profundamente transformado. Los artistas visuales inicialmente, pero luego también los otros (escultores, músicos, escritores, etc.) se dedicaron a soñar, a intentar “plasmar” y modelar sus intuiciones artísticas en “obras” oníricas, que eran luego expuestas, analizadas, editadas, compartidas, y tomadas como base para otras obras.
Se especula actualmente que el gran materialismo de la época, aunado a la sensación de “aplastamiento” o “asfixia” que producía, fue el principal causante del éxito de la máquina. Ante la posibilidad de ver sus sueños plasmados de manera “concreta” en una máquina, las personas se dedicaron a soñar activamente, olvidando o dejando de lado sus ocupaciones tradicionales. Se trabajaba y vivía en estado de vigilia únicamente el tiempo necesario para la subsistencia biológica, y el resto del tiempo era empleado en soñar.
Las sociedades humanas y sus instituciones colapsaron. Las grandes obras, los proyectos, fueron abandonados. Lo concreto e inmediato de los sueños acabó con los anhelos y perspectivas de las personas, así como con sus anteriores ambiciones mundanas.
Como decía, primero fueron los artistas, pero luego el hábito se extendió al común de las personas.
La máquina comenzó a utilizarse con propósitos cada vez más variados. Algunos soñadores podían, por ejemplo, predecir el futuro en sus sueños. Mostraron, antes de que sucediera, el colapso social.
Nuevas y poderosas extensiones de la máquina fueron desarrolladas. Algunas con ayuda de los propios sueños de los ingenieros. Una de ellas, por ejemplo, permitía experimentar los sueños en estado de vigilia con la plenitud de los sentidos, en una especie de catatonia despierta. Comenzó un “intercambio de sueños” verdaderamente frenético.
Ésa invención o extensión en particular aceleró el proceso de alienación y destrucción social más que ninguna otra. La gran mayoría de la humanidad se hundió en una semi-penumbra onírica, de la cual salía únicamente para alimentarse, y conseguir nuevos sueños.
Sólo algunos hombres permanecieron al margen de la corriente general. Curiosamente, eran aquellos cuyos sueños eran más vívidos y plenos de sentido. Estos hombres habían, por así decir, desarrollado la capacidad de “soñar despiertos” ya desde antes de la invención de la máquina, y por sus propios medios. Vieron con tristeza y preocupación el hundimiento de sus congéneres.
También lo vieron los “clarividentes”, y algunos se dedicaron a tratar de impedir el colapso. Recorrieron el mundo mostrando las imágenes oníricas del colapso futuro. Pero fueron ignorados. Sus “sueños” fueron tomados como tantos otros, y descartados por “poco placenteros” o incómodos.
Otros hombres se organizaron activamente para tratar de impedir la crisis social. Miles de proyectos se pensaron, soñaron y establecieron, algunos muy buenos y con buenas intenciones. Pero faltaban las manos para realizarlos.
El cambio social se produjo al fin, e implicó la desaparición de gran parte de la humanidad.
Todos los “adictos” a la máquina de los sueños se fueron volviendo más y más irrecuperables, hasta terminar abandonados en las calles y espacios públicos de las ciudades, donde se dedicaban al robo y al pillaje para intentar subsistir. El abandono de las fábricas, granjas y en general toda forma de industria humana trajo consigo el hambre general.
Los “despiertos” se retiraron al campo, lo más lejos posible de las ciudades, y se dedicaron a la agricultura, en espera y conocimiento del colapso total.
Somos los descendientes de aquellos pocos sobrevivientes.
Todavía pueden verse en nuestros museos (aunque haya pasado ya tanto tiempo) algunas máquinas de soñar, de las más variadas formas, diseños y colores. Vestigios de un lejano pasado, dan cuenta y testimonio de los anhelos y experiencias de una humanidad remota, de sus fracasos y de sus triunfos.
Addendum:
Buscando “la máquina de los sueños” en google, me encuentro con:
La máquina de los sueños
Una empresa japonesa diseñó un equipo que, según sus inventores, permitirá al usuario crear sus propios sueños.
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_3397000/3397691.stm
Una máquina para elegir el sueño
http://www.elmundo.es/ariadna/2004/197/1090591663.html
Takara Inventa maquina que fabrica sueños
http://www2.noticiasdot.com/publicaciones/2004/0104/1901/noticias190104/noticias190104-8.htm