La frente de Nietzsche

Buscando información sobre Nietzsche encontré lo siguiente en la página de Wikipedia:

Karl Marx, Sigmund Freud y Friedrich Nietzsche son los tres maestros de la sospecha, así como fundadores de discurso, según la expresión de Paul Ricoeur que, aunque derivada de una compleja hermenéutica, ha pasado a popularizarse de tal manera desde su publicación en 1970, que es uno de los clichés culturales de finales del siglo XX, utilizándose desde la filosofía hasta la crítica de cine.

En ese uso simplificado, se relaciona a los tres pensadores del siglo XIX con la crítica al racionalismo dominante en el pensamiento y en general a toda la civilización occidental (sobre todo tras la Ilustración); por cuanto ven a la razón como una simple justificación de pulsiones más profundas: el materialismo económico (Marx), la voluntad de poder (Nietzsche) o el inconsciente dinámico, expresado en el deseo sexual, la frustración y la agresividad (Freud).”
(las negritas son mías.)

¡Qué linda, atinada y actual es la frase de Paul Ricouer! es comprensible que se haya convertido en un cliché.

También encontré(en inglés) la empática definición de Nietzsche y su filosofía que hace Rudolf Steiner. La traduzco aquí:

“Las ideas de Nietzsche del ‘eterno retorno’ y del ‘superhombre’ permanecieron largo tiempo en mi mente. Ya que en ellas estaba reflejado aquello que una persona debe sentir al respecto de la evolución y el ser esencial de la humanidad, cuando esta persona es refrenada de aprehender el mundo espiritual, por causa del pensamiento limitado de la filosofía natural característicos de finales del siglo XIX.”

Y esta otra hermosa descripción de Nietzsche en sus últimos años por parte de Steiner:

“Allí yacía en un cuarto rodeado de tinieblas, con su hermosa frente – frente de artista y pensador en una. Era temprano al atardecer. Aquellos ojos que en su ceguera aún revelaban el alma, arrojaban ahora solamente una reflexión del entorno, que ya no podía hallar ninguna manera de llegar al alma. Uno estaba allí y Nietzsche no lo sabía. Y aún así, uno podría haber creído, al contemplar aquella frente permeada por el espíritu, que era esta la expresión de un alma que había estado toda la tarde pensando profundamente, y que ahora gustosamente descansaba por un rato. Un estremecimiento interior se apoderó de mi alma, pudiendo indicar que esto también produjo un cambio en la simpatía del genio, cuya mirada se dirigía hacia mí, y aún así no reposaba en mi. La pasividad de mi mirada tanto tiempo fija, obtuvo como contraparte una comprensión por parte de su propia mirada: su anhelo siempre en vano de lograr que las fuerzas anímicas de la visión funcionen.

Y así apareció frente a mi alma el alma de Nietzsche, rondando sobre su cabeza, ilimitada en su luz espiritual; entregada completamente a los mundos espirituales, ansiando capturar su entorno pero incapaz de descubrirlo; y aún encadenada al cuerpo, que estaría relacionado con el alma solo en tanto el alma anhelase este mundo presente. El alma de Nietzsche estaba aún allí, pero solo desde afuera podía aferrarse al cuerpo, aquel cuerpo que en tanto el alma permaneciese en él, ofrecería resistencia al total despliegue de su luz.”

 

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