Suponga que me da un millón de dólares con las instrucciones, “Invierta esto beneficiosamente, y le pagaré bien.” Yo soy un especulador sagaz — ¿por qué no? Así es que salgo a la calle y doy fajos de billetes a peatones aleatorios. Diez mil dólares a cada uno. A cambio, ellos firman un pagaré por valor de 20.000 dólares, a pagar en cinco años. Vuelvo y le digo, “¡Mire estos pagarés! He generado un retorno anual del 20% sobre su inversión.” Usted está muy satisfecho, y me paga una comisión enorme.
He obtenido ahora una gran pila de pagarés, así que puedo usar estos “bienes” como colateral para pedir prestado aún más dinero, que presto a aún más gente, o vendo a otros como yo que hacen lo mismo. También compro un seguro para cubrirme en caso de que los prestatarios no puedan pagar — ¡y pago ese seguro como esos mismos pagarés! Y así va, cada nuevo préstamo volviéndose el bien de alguien sobre el cual pedir prestado aún más dinero. Todos cosechamos grandes comisiones y premios, ya que el valor nominal total de todos los bienes que creamos a partir de aquel millón de dólares inicial es ahora cincuenta veces ese valor.
Entonces un día, el primer grupo de pagarés vence. ¿Pero adivinen que? La persona que puso su nombre en el pagaré justo ahora no puede pagarme. De hecho, un montón de prestatarios no pueden. Trato de ocultar este hecho vergonzoso tanto como sea posible, pero pronto usted comienza a sospechar. Quiere su millón de dólares de vuelta — en efectivo. Trato de vender los pagarés que poseo y sus derivados, pero los demás también se vuelven suspicaces, y nadie los compra. La compañía de seguros trata de cubrir mis pérdidas, ¡pero solo puede hacerlo si vende los pagarés que le dí!
Asia que finalmente, el gobierno interviene y compra los pagarés, rescata a la compañía de seguros y a todos los demás tenedores de pagarés y sus derivados. Su valor total es mucho más que un millón de dólares ahora. Yo y mis emprendedores amigos nos retiramos con nuestros beneficios. Todos los demás los pagan.
Éste es el primer nivel de lo que sucedió en la industria financiera durante la década pasada. Es una inmensa transferencia de riqueza hacia la elite financiera, que será financiada por los contribuyentes norteamericanos, las corporaciones y gobiernos extranjeros, y finalmente los trabajadores extranjeros que subsidian la deuda norteamericana indirectamente, vía el menor poder adquisitivo de sus salarios. Sin embargo, ver la crisis actual meramente como el resultado de una gran conspiración, es errar en su verdadera significación.
Pienso que todos sentimos que estamos cerca del fin de una era. Al nivel más superficial, es la era desregulada tipo casino de la manipulación financiera la que está terminando. Pero los esfuerzos actuales de las elites políticas para arreglar la crisis a este nivel sólo revelarán sus dimensiones más profundas. De hecho, la crisis va “hasta el fondo.” Surge de la propia naturaleza del dinero y la propiedad en el mundo actual, y persistirá y continuará intensificándose hasta que el dinero mismo sea transformado. Un proceso que fue desarrollándose durante siglos está en sus etapas finales de desenvolvimiento.
El dinero como lo conocemos hoy tiene a la crisis y al colapso metidos en su diseño básico. Esto es así porque el dinero busca el interés, rinde interés, y es de hecho nacido del interés. Para ver como funciona esto, volvamos a algunos temas básicos de finanzas. El dinero es creado cuando alguien pide un crédito a un banco (o más recientemente, una especie de crédito a alguna institución de otro tipo). Un endeudamiento es una promesa de pago de dinero en el futuro para comprar algo hoy; en otras palabras, pedir dinero prestado es una forma de intercambio postergado. Recibo algo ahora (comprado con el dinero que tomé prestado) y acuerdo dar algo en el futuro (un bien o servicio que venderé para obtener el dinero para pagar la deuda). Normalmente, un banco o cualquier otro prestamista sólo está de acuerdo en prestarle dinero si hay una expectativa razonable de que usted lo pagará; en otras palabras, si hay una expectativa razonable de que usted producirá bienes o servicios de valor equivalente. Esta “expectativa razonable” puede ser garantizada mediante una garantía, o puede ser registrada en su calificación de crédito.
Cada vez que usted usa dinero, está esencialmente garantizando “he realizado un servicio o proveído un bien de valor equivalente a lo que estoy comprando.” Si el dinero es dinero prestado, usted está diciendo que proveerá un bien o un servicio equivalente en el futuro.
Ahora aparece el interés. ¿Qué motiva a un banco a prestar a alguien en un primer lugar? Es el interés. El interés mueve la creación de dinero actualmente. Cada vez que se crea dinero mediante un endeudamiento, una necesidad de crear aún más dinero en el futuro es también creada. La cantidad de dinero debe crecer a través del tiempo, lo cual significa que el volumen de bienes y servicios debe también crecer a través del tiempo.
Si el volumen de dinero crece más rápidamente que el volumen de bienes y servicios, el resultado es inflación. Si crece más lentamente — por ejemplo debido a un achicamiento de los préstamos — el resultado es bancarrotas, recesión, o deflación. El gobierno puede incrementar o decrementar la oferta de dinero de varias maneras. Primero, puede crear dinero pidiéndolo prestado del banco central, o en Norteamérica, de la Reserva Federal. Este dinero termina como depósitos bancarios, que a su vez dan a los bancos mayores reservas marginales sobre las cuales extender préstamos. Como ve, la capacidad de un banco de crear dinero está limitada por sus requerimientos de margen de reservas. Típicamente, un banco debe poseer efectivo (o depósitos del banco central) por el monto del 10% del total de los depósitos de sus clientes. El otro 90%, puede prestarlo nuevamente, creando así dinero nuevo. Este dinero termina de nuevo en los depósitos del banco, permitiendo que otro 81% (el 90% del 90%) sea prestado nuevamente. De este modo, cada dólar de los depósitos iniciales termina como 9 dólares de dinero nuevo. El gasto público de dinero a préstamo del banco central actúa como una semilla para la creación de nuevo dinero. (Por supuesto, ¡esto depende de la disposición del banco a prestar! En una congelación del crédito tal como pasó esta semana, los bancos acumulan reservas en exceso, y las repetidas inyecciones de dinero del gobierno tienen poco efecto.)
Otra manera de incrementar la oferta de dinero es bajar los requerimientos de reservas marginales. En la práctica esto es raramente hecho, al menos directamente. Sin embargo, en la última década, varios tipos de préstamos no-bancarios han evadido el requerimiento del margen de reservas, a través de la sopa de letras de los instrumentos financieros que ha oído en las noticias. El resultado es que cada dólar de beneficio original ha sido apalancado no a nueve veces su valor original, como en los bancos tradicionales, sino a 70 veces o incluso más. Esto ha permitido retornos de inversión mucho más allá del alrededor de 5% disponible en bancos tradicionales, junto con paquetes de “compensación” más allá de los sueños de la avaricia.
Cada nuevo dólar que es creado viene con un nuevo dólar de endeudamiento — más que un dólar de deuda, debido al interés. La deuda es eventualmente cancelada con bienes y servicios, o con más dinero prestado, el cual a su vez puede ser cancelado con aún más dinero prestado… pero eventualmente será usado para comprar bienes y servicios. El interés tiene que venir de algún lado. Pedir prestado más dinero para hacer los pagos de interés de un crédito existente, meramente pospone la hora de la verdad, postergando la necesidad de crear nuevos bienes y servicios.
El sistema completo de dinero que produce interés funciona bien en tanto el volumen de bienes y servicios intercambiados por dinero siga creciendo. La crisis que estamos viendo hoy es en parte debida a que nuevo dinero ha sido creado mucho más rápidamente de que lo han sido creados bienes y servicios, y mucho más rápido de lo que ha sido históricamente sostenible. Hay solo dos maneras para salir de tal situación: inflación y bancarrotas. Cada una de ellas involucra la destrucción de dinero. La convulsiones actuales de las elites financieras y políticas básicamente se reducen a un intento fútil de prevenir ambas. Su primer objetivo es prevenir la evaporación de dinero mediante bancarrotas masivas, ya que es, después de todo, su dinero.
Hay además una crisis mucho más profunda operando, una crisis en la creación de bienes y servicios que subyace al dinero para comenzar, y es esta crisis la que dio origen a la burbuja inmobiliaria a la que todos culpan por la situación actual. Para entenderlo, pongámonos de acuerdo en qué constituye un “bien” o un “servicio”. En economía, estos términos se refieren a algo que es cambiable por dinero. Si yo cuido a sus hijos gratis, los economistas no lo cuentan como un servicio. No puede ser usado para pagar una deuda financiera: No puedo ir al supermercado y decir, “Cuidé a los hijos de mi vecino esta mañana, así que por favor denme comida.” Pero si abro una guardería y le cobro, he creado un “servicio”. El PBI sube y, de acuerdo a los economistas, la sociedad se ha vuelto más próspera.
Lo mismo es verdad si desmonto un bosque y vendo la madera. Mientras esté en pie e inaccesible, no es un bien. Sólo se vuelve “bueno” cuando construyo un camino para el talado, contrato mano de obra, lo corto, y lo transporto a un comprador. Convierto un bosque en madera, un bien de consumo masivo, y el PBI crece. Similarmente, si creo una nueva canción y la comparto gratuitamente, el PBI no sube y la sociedad no es considerada más rica, pero si la protejo y la vendo, se vuelve un bien. O puedo encontrar una sociedad tradicional que use hierbas y técnicas shamánicas para la curación, destruir su cultura, y hacerlos dependientes de medicina farmacéutica que deban comprar, sacarlos de su tierra así no pueden conseguir sustento como granjeros y deben comprar comida, arrasar la tierra y contratarlos en una plantación de bananas — y he hecho al mundo más rico. He llevado varias funciones, relaciones, y recursos naturales al ámbito del dinero. En El Ascenso de la Humanidad describo este proceso en profundidad: la conversión de capital social, natural, cultural, y espiritual en dinero.
Esencialmente, para que la economía continúe creciendo y para que el sistema monetario (basado en interés) permanezca viable, más y más de la naturaleza y de las relaciones humanas debe ser monetizado. Por ejemplo, treinta años atrás la mayoría de las comidas eran preparadas en el hogar; hoy algo así como dos tercios son preparadas afuera, en restaurantes o comederos de supermercados. Una función antes no paga, el cocinar, se ha vuelto un “servicio”. Y somos más ricos debido a ello. ¿O no?
Otro motor principal del crecimiento económico durante las últimas tres décadas, el cuidado infantil, también nos ha hecho ricos. Estamos ahora liberados de la molestia de cuidar a nuestros propios niños. Pagamos a expertos en cambio, quienes pueden hacerlo mucho más eficientemente.
En tiempos antiguos el entretenimiento también era una función libre, participativa. Todos tocaban un instrumento, cantaban, actuaban. Incluso hace 75 años en Norteamérica, cada pequeño pueblo tenía su propia banda y equipo de béisbol. Ahora pagamos por esos servicios. La economía ha crecido. Albricias.
La crisis que estamos enfrentando hoy surge del hecho de que prácticamente no hay más capital social, cultural, natural, y espiritual remanente que podamos convertir en dinero. Siglos, milenios de casi continua creación de dinero nos han dejado tan desamparados que no nos queda nada más para vender. Nuestros bosques están dañados más allá de la reparación, nuestro suelo agotado y lavado en el mar, nuestros recursos pesqueros, pescados, la capacidad rejuvenecedora de la tierra para reciclar nuestra basura, saturada. Nuestro tesoro cultural de canciones e historias, imágenes e iconos, ha sido saqueado y puesto bajo derechos de copia. Cualquier frase ingeniosa que pueda pensar es ya un eslogan registrado. Nuestras propias relaciones humanas y capacidades nos han sido quitadas y vueltas a vender, de modo que ahora dependamos de extraños, y por lo tanto del dinero, por cosas por las que pocos humanos pagaron hasta hace poco: comida, refugio, vestimenta, entretenimiento, el cuidado de los niños, cocinar. La vida misma se vuelto un artículo de consumo. Hoy vendemos los últimos vestigios de nuestro legado divino: nuestra salud, la biosfera y el genoma, incluso nuestras propias mentes. Este es el proceso que está culminando en nuestra era. Está casi completo, especialmente en América y en el mundo “desarrollado”. En el mundo en vías de desarrollo aún quedan personas que viven sustancialmente en culturas del dar, donde la riqueza natural y social no es aún sujeto de propiedad. La globalización es el proceso de quitar estos bienes, para alimentar la insaciable, existencial necesidad de crecer de la máquina de dinero. Aún así, este asolamiento de otras tierras está llegando también a sus límites, tanto debido a que ya no queda mucho para tomar, como a sectores crecientes de resistencia efectiva.
El resultado es que la oferta de dinero — y el correspondiente volumen de endeudamiento — ha superado durante varias décadas a la producción de bienes y servicios que promete. Esto está profundamente relacionado al problema clásico de exceso de oferta en las economías capitalistas. La crisis Marxista del capital puede ser postergada hacia el futuro en tanto y en cuanto industrias nuevas, de alto beneficio, y nuevos mercados, puedan ser desarrollados para compensar el círculo vicioso de beneficios decrecientes, menores salarios, depresión del consumo, y sobreproducción en las industrias maduras. La continuidad del capitalismo como lo conocemos depende de una fuente infinita de estas nuevas industrias, que esencialmente deben convertir infinitos nuevos ámbitos de capital social, natural, cultural, y espiritual, en dinero. El problema es, estos recursos son finitos, y cuánto más cerca están de su agotamiento, más dificultosa resulta su extracción. Por lo tanto, contemporánea con la crisis financiera tenemos una crisis ecológica y una crisis de salud. Están íntimamente interrelacionadas. No podemos convertir mucho más de la tierra en dinero, o mucho más de nuestra salud en dinero, antes de que la base de la vida misma sea amenazada.
Enfrentados con el agotamiento de la no monetizada riqueza común que consume, el capital financiero ha tratado de postergar lo inevitable canibalizándose a si mismo. La burbuja punto com de fines de los 90s mostró que la economía productiva no podía mantenerse al nivel del crecimiento del dinero. Montones de dinero en exceso estaban dando vueltas frenéticamente, buscando un lugar en donde la promesa de los postergados bienes y servicios pudiese ser redimida. Entonces, para posponer el colapso inevitable, la Fed redujo drásticamente las tasas de interés y aflojó la política monetaria, para permitir que viejas deudas sean repagadas con nuevas (en lugar de con nuevos bienes y servicios). Los nuevos bienes y servicios financieros que surgieron fueron ficticios, artefactos de contabilidad fraudulenta en una gran, sistémica escala.
Obviamente, la práctica de pedir nuevo dinero para pagar préstamos e intereses de viejas deudas no puede durar mucho, pero eso es lo que la economía como un todo ha hecho ya por diez años. Desafortunadamente, simplemente el parar con esta práctica no va a resolver el problema subyacente. Un colapso se viene, inevitablemente. El plan de rescate del gobierno, en el mejor de los casos, lo pospondrá por un año o dos (quien sabe, ¡tal vez hasta el 2012!), tiempo suficiente para que los grandes jugadores muevan su dinero a un lugar seguro. Descubrirán, en cambio, que no hay lugar seguro. A medida que el dólar norteamericano pierde su estatus de salvaguarda (lo que sucederá con mayor certeza si el gobierno toma las deudas sucias de Wall Street), puede esperar que el capital persiga a varios activos en una ola inflacionaria antes de que una depresión deflacionaria tenga lugar. Si una congelación del crédito supera a las medidas inflacionarias del gobierno, la depresión llegará aún más rápido.
La crisis actual es en realidad la etapa final de la que comenzó en la década de 1930. Sucesivas soluciones al problema fundamental de mantenerse al ritmo del dinero que se expande con la tasa de interés han sido aplicadas, y agotadas. La primer solución efectiva fue la guerra, un estado que ha sido permanente desde 1940. Las armas nucleares y un cambio en la conciencia humana han limitado la solución de la escalada militar sin fin. Otras soluciones — globalización, desarrollo tecnológico de nuevos bienes y servicios que busquen reemplazar funciones humanas nunca antes convertidas en producto de consumo masivo, explotación tecnológicamente avanzada de recursos naturales antes inalcanzables, y finalmente, auto-canibalismo financiero — han similarmente tenido su curso. A menos que haya ámbitos de riqueza que no he considerado, y nuevas profundidades de pobreza, miseria, y alienación en la que podríamos hundirnos, lo inevitable no puede ser demorado mucho más.
Frente a la crisis inminente, la gente pregunta frecuentemente que pueden hacer para protegerse. “¿Comprar oro? ¿Guardar comida enlatada? ¿Construir un complejo fortificado en un área remota? ¿Qué debo hacer?” Me gustaría sugerir una pregunta de un tipo distinto: “¿Qué es lo más hermoso que puedo hacer?” Como ve, la crisis acercándose presenta una oportunidad tremenda. Deflación, destrucción del dinero, es solo un mal categórico si la creación de dinero es un bien categórico. Sin embargo, puede ver de los ejemplos que he dado que la creación de dinero nos ha, de muchas maneras, empobrecido a todos. Inversamente, la destrucción de dinero tiene el potencial de enriquecernos. Nos ofrece la oportunidad de reclamar partes de la riqueza común perdida, de los ámbitos del dinero y la propiedad.
De hecho, vemos que esto sucede cada vez que hay una recesión económica. La gente no puede pagar más por varios bienes y servicios, y tiene entonces que depender de amigos y vecinos. Donde no hay dinero para facilitar las transacciones, las economías del dar re-emergen y nuevos tipos de dinero son creados. Ordinariamente, sin embargo, personas e instituciones luchan duramente para prevenir que eso suceda. La primera respuesta habitual a las crisis económicas es hacer y conservar más dinero — acelerar la conversión de cualquier cosa que puedas en dinero. A un nivel sistémico, la ola de endeudamiento está generando una presión inmensa para extender la conversión en artículos de consumo de la riqueza común. Podemos ver que eso sucede en los llamados a buscar petróleo en Alaska, en comenzar la perforación en mar profundo, y así. El tiempo está dado, sin embargo, para que el proceso inverso comience con fervor — quitar cosas del ámbito de los bienes y servicios, y retornarlas al ámbito de los regalos, la reciprocidad, la autonomía, y el intercambio comunitario. Note cuidadosamente: esto va a suceder de todos modos en caso de un colapso de la moneda, a medida que la gente pierda sus trabajos o se vuelva muy pobre para comprar cosas. La gente se va a ayudar entre si y comunidades reales resurgirán.
Mientras tanto, todo lo que hagamos para proteger algún recurso natural o social de su conversión en dinero va tanto a aligerar el colapso, como a mitigar su severidad. Cualquier bosque que salve del desarrollo, cualquier camino que detenga, cualquier grupo cooperativo que establezca; cualquiera a quien enseñe a curarse a si mismo, o a construir su propia casa, cocinar su propia comida, hacer su propia vestimenta: cualquier riqueza que cree o agregue al dominio público; cualquier cosa que aleje de la Máquina devoradora del mundo, ayudará a acortar su tiempo de vida. Piense en ello de este modo: si usted actualmente no depende del dinero para alguna parte de los placeres y necesidades de la vida, entonces el colapso del dinero le significará una transición mucho menos dura. Lo mismo se aplica al nivel social. Cualquier red, o comunidad, o institución social que no sea un vehículo para la conversión de la vida en dinero, sostendrá y enriquecerá la vida después del dinero.
En ensayos previos he descripto sistemas monetarios alternativos, basados en el crédito mutuo y el aplazamiento, que no conducen a la conversión de todo lo que es bueno, verdadero, y hermoso en dinero. Representan una identidad humana fundamentalmente diferente, un sentido del ser fundamentalmente diferente del que domina hoy. No será más verdad que más para mi sea menos para usted. A un nivel personal, la revolución más profunda posible que podemos encarnar es una revolución en nuestro sentido del ser, en nuestra identidad. El discreto y separado ser de Descartes y Adam Smith ha seguido su curso y se está volviendo obsoleto. Estamos dándonos cuenta de nuestra propia inseparabilidad, de cada uno y de la totalidad de toda la vida. El interés niega esta unión, pues busca crecimiento del ser separado a expensas de algo externo, de algún otro. Probablemente todos los que lean este ensayo estén de acuerdo con los principios de inter-conectividad, sea desde una perspectiva Budista o ecológica. Ha llegado el tiempo de vivirlo. Es el tiempo de entrar en el espíritu del dar, que manifiesta la sentida comprensión de la no-separación. Se está volviendo abundantemente obvio que menos para ti (en todas sus dimensiones) es también menos para mi. La ideología de la ganancia perpetua nos ha llevado a un estado de pobreza tan desamparada, que estamos jadeando por aire. Esa ideología, y la civilización construida sobre ella, es lo que está colapsando hoy.
Individual y colectivamente, cualquier cosa que hagamos para resistir o posponer el colapso, sólo lo hará peor. Así que deje de resistirse a la revolución en la existencialidad humana. Si quiere sobrevivir a las múltiples crisis desarrollándose hoy, no busque sobrevivirlas. Ése es el estado mental de la separación; eso es resistencia, aferrarse a un pasado moribundo. En cambio, permita a su perspectiva cambiar hacia la reunión, y piense en términos de lo que puede dar. ¿Cómo puede contribuir a un mundo más hermoso? Ésa es su única responsabilidad y su única seguridad. Las dádivas que necesite para sobrevivir y disfrutar vendrán a usted fácilmente, porque lo que le hace al mundo, se lo hace a usted mismo.
Traducido del original inglés Money and the Crisis of Civilization, de Charles Eisenstein.
¿Lindo no? Y si no es hoy, será mañana. Tratemos de que sea hoy. Joy. Enjoy.
[...] Dinero y Crisis de Civilización. Inteligente y muy bien escrito análisis de Charles Eisenstein en Reality Sandwich, que reflexiona [...]
Muy en consonancia con lo que dice Charles Eisenstein
“…Cualquier bosque que salve del desarrollo, cualquier camino que detenga, cualquier grupo cooperativo que establezca; cualquiera a quien enseñe a curarse a si mismos, o a construir su propia casa, cocinar su propia comida, hacer su propia vestimenta: cualquier riqueza que cree o agregue al dominio público…”
esto que dijo Rulli el domingo pasado por Radio Nacional
“…no hablo tan solo del consumismo de los que usufructúan la riqueza, sino que aludo con mayores preocupaciones a todos los mecanismos de subordinación y de desprotección, de invalidez y de pérdida de la autoestima que se han arraigado en nuestra extendida pobreza, en nuestros pobres solemnes y en todos aquellos no tan solemnes, que ya no pueden vivir por fuera del asistencialismo. Hace dos generaciones atrás era común la construcción de viviendas los fines de semana con el respaldo de amigos y parientes, hace dos generaciones atrás era normal que el agua se sacara de pozos hechos a pala, hace dos generaciones atrás cualquiera que tuviese un poco de tierra, aun muchísimo más si se atrevía a llamarse campesino, podía ser extremadamente pobre, pero jamás habría sido la falta de alimentos su problema principal, ni habría reclamado que el gobierno le diese semillas, o que le construyese la vivienda, que le diese contratos de empleo en los municipios o le sacase el agua de la napa. Algo ha pasado para que semejante pesadilla sea nuestra vigilia permanente…”
de http://horizontesurblog.blogspot.com/2008/10/editorial-del-domingo-26-de-octubre-de.html
El artículo tiene una segunda parte Money: A New Beginning. Se apoya en la doctrina del dinero que da interes negativo (se “gasta” con el tiempo) de Silvio Gesell, el padre del fundador de Villa Gesell.
[...] La primera parte, también traducida, es Dinero y Crisis de Civilización. [...]
Traducción de la segunda parte, Dinero: Un Nuevo Comienzo.
Buenos días. Cómo te va?, lo cierto es que yo no me encontraba buscando nada acerca de este tema y es que en realidad este tema no me entretiene en lo mas mínimo, pero déjame felicitarte porque la manera en que redactas es fascinante. Por primera vez he encontrado contenido digno en la red.
Un saludo.
Lo cierto es que tú eres un robot de creación de enlaces:
http://www.google.com/search?hl=en&source=hp&q=%22lo+cierto+es+que+yo+no+me+encontraba+buscando+nada+acerca+de+este+tema%22&btnG=Google+Search