Dinero: Un Nuevo Comienzo (Parte 2)

Traducción de la segunda parte del (extenso) ensayo sobre el dinero de Charles Eisenstein.

Aquí está la Primera parte.

Otro artículo relacionado, también traducido, es Dinero y Crisis de Civilización.

“El bienestar de la comunidad y de las personas que la componen será alcanzado cuando menos requiera cada uno para sí mismo, del producto de su trabajo. Es decir, cuanto más de ese producto ceda uno a sus semejantes, y sus propias necesidades sean satisfechas, no de su propio trabajo, sino del de los demás.”

Rudolf Steiner, La ley social fundamental.

Prosperidad es relacionar, no adquirir.

– Tom Brown, Jr.

Nuestro sistema monetario actual genera una necesidad de crecimiento sin fin, encarna el pensamiento lineal, desafía los patrones cíclicos de la naturaleza, y conduce a la implacable conversión de todas las formas riqueza en dinero. Más aún, el concepto de “interés” es la fuente de nuestra competencia siempre más intensa, escasez sistémica, y concentración de riqueza. El interés está atado a como nos vemos a nosotros mismos como sujetos separados, competitivos, buscando acopiar más y más del mundo dentro de los límites de “lo mío.” Hoy, sin embargo, la identidad humana está sufriendo una profunda metamorfosis. Parte de ese cambio en nuestra concepción del ser y el mundo será un nuevo sistema de dinero, consonante con el nuevo ser humano.

Dado el rol determinante del interés, el primer sistema de moneda alternativo a considerar es uno que lo elimine estructuralmente. Uno de tales sistemas, llamado Frei Geld o “dinero libre” fue propuesto en 1906 por Silvio Gesell en El Orden Económico Natural. El dinero libre de Gesell acarrea una forma de interés negativo llamado aplazamiento(demurrage) [*]. Periódicamente, un sello que cuesta una pequeña fracción de la denominación de la moneda debe ser anexada a ella, de hecho un “arancel de uso” o un “costo de mantenimiento”; otra forma de verlo es que la moneda “se vuelve mala” – se deprecia – a medida que pasa el tiempo. (Por supuesto, hoy esto sería hecho electrónicamente.)

Si esto suena como una propuesta radical que no funcionaría nunca, podría sorprenderle saber que una autoridad no menor como John Maynard Keynes elogió la solidez teórica de las ideas de Gesell (con una salvedad crítica [1]). Lo que es más, el sistema fue de hecho probado con gran éxito, y está en uso nuevamente hoy.

El ejemplo más conocido fue instituido en el pueblo de Worgl, Austria, en 1932. Para seguir siendo válida, cada pieza de esta moneda localmente emitida requería una estampilla mensual que costaba el 1% de su valor nominal. Esta medida anti-acumulación instaba a los ciudadanos a gastar su dinero rápidamente, incluso a pagar sus impuestos antes. En lugar de generar interés y crecimiento, la acumulación de riqueza se volvía una molestia—tal como las posesiones son una molestia para los nómades cazadores-recolectores. La economía de Worgl despegó; la tasa de desempleo se desplomó incluso cuando el resto del país cayó en una profunda depresión; las obras públicas fueron completadas, y la prosperidad continuó hasta que la moneda de Worgl (y cientos de imitadores) fueron prohibidas en 1933 a petición de un amenazado banco central.[2]

Una historia similar surgió en los Estados Unidos. Con la moneda nacional evaporándose a través de una epidemia de caídas bancarias, los ciudadanos y los gobiernos locales crearon su propia moneda. Hacia 1933, varias centenas de ciudades e incluso estados se estaban preparando para lanzarlo habían lanzado ya, “monedas de emergencia.” [3] Muchas de éstas eran  vales timbrados como la moneda de Worgl. A pesar de la vigorosa defensa del prominente economista Irving Fisher, Roosevelt prohibió todas las monedas de emergencia cuando lanzó el New Deal y declaró el feriado bancario de Marzo, 1933, temiendo el efecto descentralizante de las nuevas monedas. [4]

Hoy estamos al borde de una crisis similar, y nos enfrentamos a una elección similar entre apuntalar al viejo mundo a través de una intensificación del control centralizado, o soltar el control y entrar al nuevo. Es importante entender que las consecuencias de un sistema monetario basado en el aplazamiento serían profundas, abarcando dimensiones económicas, sociales, psicológicas, y espirituales. El dinero es tan fundamental, tan definitorio en nuestra civilización, que sería ingenuo esperar un cambio auténtico de la manera en que existimos en el mundo que no implique a la vez un cambio fundamental en el dinero.

Conceptualmente, el aplazamiento o demurrage funciona liberando a los bienes materiales que están sujetos a procesos naturales cíclicos de renovación y decadencia, de su vinculación con un dinero que sólo crece, exponencialmente, a medida que pasa el tiempo. Como se ha establecido en la Parte 1 de este texto, esta dinámica nos está llevando a la ruina, al agotamiento de toda riqueza social, cultural, natural, y espiritual. El dinero de aplazamiento simplemente sujeta al dinero a las mismas leyes que los bienes de consumo naturales, cuya continuidad de valor requiere mantenimiento. Gesell escribe:

El oro no armoniza con el carácter de nuestros bienes. ¡El oro y la paja, el oro y el petróleo, el oro y el guano, el oro y los ladrillos, el oro y el hierro, el oro y las pieles! Son sólo una fantasía alocada, una monstruosa alucinación, sólo la doctrina del “valor” puede cruzar el puente. Los bienes de consumo en general, la paja, el petróleo, el guano y demás, podrán ser intercambiados sin inconveniente sólo cuando todos sean indiferentes respecto de si poseen dinero o bienes, y eso es posible sólo si el dinero sufre de todos los defectos inherentes a nuestros productos. Eso es obvio. Nuestros bienes se pudren, decaen, se rompen, se oxidan, así que sólo si el dinero es igualmente desagradable, sus propiedades que involucran pérdida podrán llevar a su intercambio rápida, segura y económicamente. Ya que tal dinero no podrá nunca, bajo ninguna circunstancia, ser preferido por nadie por sobre los bienes.

Sólo el dinero que se desactualiza como un periódico, se pudre como las papas, se oxida como el hierro, se evapora como el éter, es capaz de soportar la prueba de ser un instrumento para el intercambio de papas, periódicos, hiero y éter. Ya que tal dinero no es preferido por sobre los bienes, ni por el comprador ni por el vendedor. Entonces intercambiaremos bienes por dinero sólo porque necesitamos al dinero como un medio de intercambio, no porque esperemos tener una ventaja por su posesión. [5]

En otras palabras, el aplazamiento redefine al dinero como un medio de intercambio, en lugar de como un depósito de valor. El dinero ya no es una excepción a la tendencia universal en la naturaleza hacia la oxidación, la putrefacción y la decadencia—esto es, hacia el reciclado de los recursos. El dinero ya no perpetúa un reino humano separado de la naturaleza.

La frase de Gesell, “… una monstruosa alucinación, la doctrina del ‘valor’…” señala otro de los efectos del aplazamiento—nos hace cuestionar la noción de “valor.” El valor asigna a cada objeto en el mundo un número. Le asocia una abstracción, inmutable e independiente, de eso que siempre cambia y que existe en relación a todo lo demás. Es parte del descenso de la humanidad a la representación, la reducción del mundo a un conjunto de datos. El aplazamiento revierte este pensamiento y remueve un importante límite entre el reino humano y el reino natural. Cuando el dinero ya no sea más preferido a los bienes, perderemos el hábito de definir una cosa por su valor.

Mientras que el interés promueve el descuento de futuros flujos de efectivo, el aplazamiento alienta el pensamiento a largo plazo. En la contabilidad actual, un bosque que tiene la capacidad de generar un millón de dólares por año cada año en el futuro predecible, es considerado más valioso si es inmediatamente cortado por un beneficio de 50 millones de dólares. (El valor neto actual del bosque sostenible calculado a una tasa de descuento del 5% es sólo 20 millones.)  Este estado de cosas conduce a la conducta infamemente cortoplacista de las corporaciones que sacrifican (aún su propio) beneficio en el largo plazo por resultados a corto plazo para el perído fiscal. Tal conducta es perfectamente racional en una economía basada en el interés, pero en un sistema de aplazamiento, el puro interés propio dictaría que el bosque sea preservado. La codicia ya no motivaría el robo del futuro en beneficio del presente. El descuento exponencial de los futuros flujos de efectivo implica el “cobro en efectivo” de la tierra entera como oposición a una “liquidación” al por mayor de nuestros recursos restantes.

Mientras que el interés tiende a la concentración de la riqueza, el aplazamiento promueve su distribución. En cualquier economía con una especialización del trabajo más allá del nivel familiar, los seres humanos necesitan realizar intercambios para poder subsistir. Ambos, el interés y el aplazamiento, representan un arancel por el uso del dinero, pero la diferencia clave es que en el primer sistema, el arancel se devenga a aquellos que ya tienen dinero, mientras que en el último sistema es gravado sobre ellos. La riqueza viene con un gran costo de mantenimiento, recreando así las dinámicas hacia la acumulación de posesiones que rigieron las actitudes de los cazadores-recolectores.

Mientras que la seguridad en un sistema basado en el interés surge de la acumulación de dinero, en un sistema de aplazamiento viene de tener canales productivos a través de los cuales encaminarlo – esto es, volverse un nexo del flujo de riqueza y no un punto para su acumulación. En otras palabras, pone el foco en las relaciones, no en el “tener”. El sistema de aplazamiento concuerda con un diferente sentido del ser, afirmado no por el encerrar más y más del mundo dentro de los confines de mi y mío, sino por el desarrollar una profunda relación con otros. Promueve la reciprocidad, el compartir, y la rápida circulación de riqueza.

El el sistema de hoy, es mucho mejor tener mil dólares que que diez personas que te deban cien dólares. En un sistema de aplazamiento lo opuesto es verdad. Puesto que el dinero decae con el tiempo, si yo tengo algo de dinero que no estoy usando ya mismo, estoy feliz de prestártelo, igual que si tuviera más pan del que pudiera comer, te daría algo. Si necesito algo de dinero en el futuro, puedo cobrar mis obligaciones o crear nuevas con alguien dentro de mi red que tenga más dinero del que necesite para cubrir sus necesidades inmediatas. Como dice Gesell:

Con la introducción del Dinero Libre, el dinero ha sido reducido al nivel de los paraguas; amigos y conocidos se asisten unos a otros mutuamente como lo más normal con préstamos de dinero. Nadie acumula, o puede acumular, puesto que el dinero está bajo la compulsión de circular. Pero justamente porque nadie puede formar reservas de dinero, las reservas no son necesarias. Pues la circulación del dinero es regular e ininterrumpida.[6]

El dinero ya no será un bien escaso, acopiado y mantenido alejado de otros; más bien, tenderá a circular a la “velocidad” máxima posible. La entidad emisora asegurará precios estables (P) de acuerdo a la ecuación de intercambio (MV=PQ) mediante la regulación la cantidad de moneda en circulación (M) en correspondencia con la producción económica real total (Q). El mismo resultado podría ser logrado asociando la moneda a una canasta de bienes de consumo cuyo nivel corresponda a la actividad económica en su conjunto, como ha sido propuesto por Bernard Lietaer.

Las dinámicas de un sistema monetario basado en el aplazamiento asegurarán una cantidad suficiente para todos. Esto está en contradicción con la economía de hoy en la cual un exceso de bienes materiales está acoplado con su distribución groseramente desigual. De allí la profunda contradicción en la cual, por un lado, hay cientos de millones de personas que están desempleadas o abocadas a trabajos triviales y sin sentido, mientras que por otro lado hay trabajo muy importante, significativo, que se deja sin hacer—resaltando una desconexión entre la creatividad humana y las necesidades humanas. “Con el Dinero Libre la demanda es inseparable del dinero, no es más una manifestación de la voluntad de los poseedores del dinero. El Dinero Libre no es el instrumento de la demanda, sino la demanda misma, demanda materializada y encontrando, sobre una misma base, a la oferta, la cual siempre fue, y permanece, algo material.”[7]

Cuando miro a la pobreza de este mundo, la ansiedad, la persecución desesperada y destructiva del sueño fraudulento de la seguridad, difícilmente puedo reprimir un aullido de protesta. No porque sea injusto, aunque lo es, ¡sino porque es tan innecesario! Vivimos, después de todo, en un mundo de abundancia, y siempre hemos. El sistema monetario actual, y por debajo de el, el cercamiento de lo salvaje dentro de lo privado, ha creado una escasez artificial donde no existía ninguna. No es la comida o cualquier otra necesidad la que es escasa; es el dinero, cuya escasez construida induce lo mismo en todo lo demás.

En una sociedad tecnológica altamente especializada, la mayoría de nosotros necesita realizar intercambios para vivir. Para hacerlo, necesitamos un medio de intercambio – dinero. Algunas personas, notando este hecho inescapable, no pueden ver otra alternativa que el retornar a una sociedad primitiva, deshacer el milenario curso de la civilización, que ellos, muy comprensiblemente ven como una enorme equivocación. El escenario cambia se el dinero es usado para recrear en lugar de destruir las relaciones sociales del un cazador-recolector. En esas sociedades, cuando un cazador mataba a un gran animal, daría la mayor parte de la carne, dividiéndola de acuerdo al parentesco, cariño personal, y necesidad. Como con la moneda de aplazamiento, era mucho mejor tener muchas personas que “te deban una” que tener una gran pila de carne podrida, o incluso tasajo, que debería ser transportado o asegurado. ¿Por qué incluso querrías, cuando tu comunidad es tan generosa hacia ti como tu hacia ella? La seguridad vendría del compartir. La buena suerte de tu vecino sería tu propia buena suerte también. Si te cruzases con una fuente de riqueza inesperadamente grande, harías una gran fiesta. Como un miembro de la tribu Pirahã explicó cuando le preguntaron sobre el almacenamiento de la comida: “Almaceno carne en el estómago de mi hermano.”[8]

Una moneda con interés negativo es un paso adelante hacia las economías del dar de antaño que fortalecen y definen comunidades. Describiendo la teoría del regalo de Lewis Hyde, la autora Jessica Prentice escribe, “Parte de la energía sagrada/erótica de los regalos es que el receptor no puede acumularlos—o el regalo debe ser pasado, u otro regalo necesita ser dado de modo que la energía del regalar se siga moviendo. Los regalos son sobre el fluir, y están hechos para circular.”[9] Ésta es una descripción perfecta del dinero libre, que como un regalo juntando polvo en el armario pierde su valor mientras se mantiene sin uso. El dinero libre revierte la compulsión a expandir y fortificar constantemente la acumulación de lo privado, el ámbito de yo y mío. Así como el interés achica el círculo del ser hasta que somos dejados con el alienado, mercenario ego de la civilización moderna, el aplazamiento, lo opuesto del interés, lo amplía para reunirnos con la comunidad y toda la humanidad, terminando con la escasez artificial y la competencia de la Edad de la Usura.

El aplazamiento recrea, en el ámbito del dinero, la aversión del cazador-recolector hacia el almacenamiento de alimentos o otro tipo de acumulación material. Resucita la antigua mentalidad de la abundancia del cazador-recolector, en la cual compartir es fácil y natural, en la cual no hay un loco bregar por encerrar el mundo. Promete un retorno en espíritu a la “sociedad afluente original” de Marshall Sahlins, pero a un nivel de complejidad superior. No es un retorno tecnológico a la Edad de Piedra, como algunos primitivistas visualizan luego del colapso, sino un retorno espiritual.

Considere el concepto !Kung de riqueza, explorado en este intercambio entre el antropólogo Richard Lee y un hombre !Kung, !Xoma:

Le pregunté a !Xoma, ‘¿Que hace a un hombre ser //kaiha [rico]—tener muchas bolsas de //kai [cuentas u otros bienes] es su choza?’

Tener //kai no te hace un //kaiha,’ replicó !Xoma. ‘Es cuando alguien hace que muchos bienes circulen que nosotros podemos llamarlo //kaiha.’

Lo que !Xoma parecía estar diciendo es que no era el número de tus bienes lo que constituía tu riqueza, era el número de tus amigos. La persona rica era medida por la frecuencia de sus transacciones y no por el inventario de sus bienes. [10]

La riqueza en un sistema de aplazamiento evoluciona hacia algo similar al modelo Melanesio del Noroeste del Pacífico, en el cual un líder “actúa como una estación de intercambio para los bienes fluyendo recíprocamente entre su propio y otros grupos de la sociedad.”[11] El estatus no estaba asociado con la acumulación de dinero o posesiones, sino más bien con una gran responsabilidad para la generosidad. ¿Puede imaginar una sociedad en la cual el prestigio, poder, y liderazgo sean asignados a aquellos con la mayor inclinación y capacidad de dar?

En un sistema donde la afluencia como del compartir, nuestro foco no está más en cómo ganarnos la vida. Nos focalizamos en cambio en cómo dar mejor nuestros regalos. Un corolario es que el dinero y el arte no están más peleados.

Imagine una vida en la cual usted simplemente se focaliza en su arte, en sus regalos, en ser útil, en el sereno conocimiento de que sus necesidades serán satisfechas automáticamente como la norma–tal economía es posible. En ella, la competencia está reducida a su propio dominio: un anhelo de excelencia en todo lo que hagamos. En ella, el trabajo productivo viene de un deseo de crear un mundo más hermoso, no de poseerlo; vivir y no solo sobrevivir. Todos sabemos en nuestros corazones que una economía así es posible. La conocemos en nuestros sueños, esos que negamos porque tenemos que “ganarnos la vida”. La vida de vuelve un sucio negocio, una lucha. La Edad de la Usura nos presenta con una ineluctable presión, que podemos resistir pero de la que no podemos escapar: ganarse la vida es negar el arte, el objetivo, y la belleza.

La frase “no puedo darme el lujo” revela bien cuan seguido el dinero impide nuestras tendencias innatas hacia la amabilidad, la generosidad, el esparcimiento, y la creatividad. El dinero basado en interés genera la codicia que confundimos como naturaleza humana, y perpetúa la ilusión de que la seguridad y la riqueza vienen de acaparar más y más del mundo dentro de si mismo, cincelando una provincia más y más grande del “yo” a expensas de toda otra persona, animal, planta, y ecosistema. Además parece contradecir directamente la enseñanza del karma, que dice que lo que le hacemos al mundo, nos lo hacemos a nosotros mismos. En nuestro actual sistema monetario, dar al mundo significa menos para mí, ¡no más! El dinero libre revierte este rol y pone al dinero en línea con el karma, fortaleciendo mas que negando su principio fundamental de que enriqueciendo al mundo, nos enriquecemos a nosotros mismos.

Cuando la riqueza es separada de la acumulación, y refiere en cambio a una riqueza de relaciones, la riqueza de cada persona hace a todos más ricos. El arte no estará más limitada a lo que podamos permitirnos, pues el dinero será aliado del arte, no su enemigo. Los negocios serán buscar maneras de dotar de riqueza a otros en lugar de quitar riqueza de otros. No más, entonces, estarán nuestras vidas llenas de cosas baratas. El trabajo no estará más determinado por la búsqueda de dinero, sino que encontrará maneras de servir mejor a los otros en el mundo, cada uno de acuerdo a sus dones y temperamento únicos. Ésa será, evidentemente por si misma, el camino hacia las riquezas—ambas espirituales y financieras, ya que las dos no estarán más en conflicto.

Me gustaría hacer un comentario sobre la popular idea New Age de la “programación de la prosperidad”, “abrirse al fluir de la abundancia”, lo que es decir, volverse rico a través del poder del pensamiento positivo. Estas ideas vienen de una fuente válida – la comprensión de que la escasez de nuestro mundo es un artificio de nuestras creencias colectivas, y no la realidad fundamental. Sin embargo, son inherentemente inconsistentes con el sistema monetario que tenemos hoy. Uno de los principios de la programación de la prosperidad es librarse de la culpa que surge de la creencia de que sólo puedes ser rico si otro es pobre; que más para mi es menos para ti. El problema, ilustrado en la Parte 1 de este ensayo, ¡es que bajo el sistema monetario actual, esto es verdad! Más para mi ES menos para “ti”. El ámbito monetizado crece a expensas de la naturaleza, la cultura, la salud, y el espíritu. La culpa que sentimos respecto del dinero está muy justificada. Ciertamente, podemos crear cosas hermosas, organizaciones valiosas, causas nobles con el dinero, pero en algún nivel estamos robándole a Pedro para pagarle a Pablo. Comprenda por favor que no estoy sugiriendo que usted Al contrario, cuando suficiente gente lo haga, el sistema monetario cambiará, para conformarse a la nueva creencia. El sistema monetario actual yace sobre una fundación de Separación. Es tanto un efecto como una causa de nuestra percepción de que somos sujetos discretos y separados en un universo que es Otro. Abrirse a la abundancia solo puede suceder cuando dejamos esta identidad y nos abrimos a la riqueza de nuestro ser verdadero, conectado. Esta nueva identidad no quiere participar de la usura.

Mi querido lector, piense en ello: ¿Quién es usted realmente para decir, “Te prestaré dinero — pero solo me me das aún más en retorno”? ¿Cuando necesitamos dinero para vivir, no es eso una fórmula para la esclavitud? Significativamente, el perdón de las deudas por lo cual Solon era famoso fue motivado en parte por la endeudada servidumbre de una creciente proporción de la población. Hoy, los jóvenes se sienten esclavizados por sus préstamos educativos, los propietarios por sus hipotecas, y enteras naciones del Tercer Mundo por su deuda externa. El interés es esclavitud. Y puesto que la condición de la esclavitud rebaja tanto al esclavizador como al esclavo, en nuestros corazones no queremos nada de ello.

La metamorfosis del sentido humano del ser, la transición de una Edad de Separación a una Edad de Reunión, está en camino hoy, propulsada por una convergencia de crisis que están volviendo al viejo ser, y a la civilización que descansa sobre él, obsoletos. Cada crisis emana de una faceta diferente de la separación; cada faceta de la separación contiene en si misma la semilla de su propia destrucción. Así es la crisis financiera actual, la culminación de un esquema Ponzi que ha durado siglos y basado en la ilusión de que un planeta finito puede soportar el incremento exponencial para siempre. Hoy, a menos que encontremos aún no soñadas fuentes de capital social y natural para incinerar, esa burbuja está a punto de explotar.

Cuanto más demoremos, más duramente bregaremos para aplicar un arreglo técnico tras otro a nuestro tambaleante sistema monetario, más severa será la crisis y su dislocación subsiguiente. El resultado eventual, sin embargo, está asegurado: un nuevo sistema monetario emergerá que esté alineado con las prioridades de ser conectado, interdependiente: sustentabilidad, belleza, y totalidad.

Una moneda basada en el aplazamiento es sólo parte de esta transición. Debido a consideraciones de espacio he ignorado piezas clave de una economía de la Reunión, tales como la contabilidad del costo completo, los sistemas bancarios JAK, las monedas locales, las monedas de crédito mutuo, la economía del arrendamiento, economías P2P, y la ecología industrial. Aún así, el aplazamiento es la clave. Una economía que emula los principios ecológicos no puede descansar sobre un sistema monetario que requiere crecimiento exponencial. Los dos son enemigos. Mientras aún reine la usura, todas las otras piezas serán marginales. Sin embargo, los esfuerzos de visionarios tales como E.F. Schumacher, Paul Hawken, Herman Daly, e incontables otros no son en vano. Ellos han plantado las semillas de un nuevo tipo de economía que curará nuestra asolada tierra.

El dinero en la Edad de la Reunión será un agente para el desarrollo de capital social, cultural, natural, y espiritual, y no para su consumo. Será un mecanismo para el intercambio de riqueza, no para su acumulación. Será un medio para la creación de belleza, no su disminución. Será una barrera contra la codicia, no un incentivo. Promoverá el trabajo lúdico creativo, y no necesitará de “empleos”. Fortalecerá los procesos cíclicos de la naturaleza, y no los violará. Y acompañará un cambio en la conciencia que estamos comenzando a experimentar hoy, un cambio hacia un ser conectado enamorado del mundo. Ése, después de todo, es el ser verdadero, y eso es a lo que retornaremos a medida que la pretensión del incremento interminable colapse.

Notas

[1] Keynes discute el trabajo de Gesell en su clásico de 1936, Teoría General del Empleo, el Interés, y el Dinero. Dice que la solución de aplazamiento es sólida pero incompleta. Puesto que la moneda no es la única en tener un premio a la liquidez, el peligro de un sistema de aplazamiento sería que otras formas de dinero, tales como dinero bancario de reservas fraccionarias, y papeles comerciales, tomarían el rol que la moneda ejerce hoy, con resultados similares. Ésta no es una dificultad teórica insuperable, pero requiere una transformación más integral del dinero de lo que puedo describir en este espacio.

[2] Esta historia se deriva del libro de 2001 de Bernard Lietaer, El Futuro del Dinero.

[3] Una lista y una descripción aparecen en Stamp Scrip. Irving Fisher, LL.D. New York, Adelphi Company, 1933

[4] Birch, Dave. “Cuando el dinero de Monopolio era real”, Digital Money Forum, 12 de Junio de 2007, http://digitaldebateblogs.typepad.com/digital_money/2007/06/when_monopoly_m.html

[5] Gesell, Silvio. The Natural Economic Order, 1906. Traducido por Philip Pye. Cap. 4.1

[6] Gesell, Cap. 5.5. Gesell también abogaba por la abolición de la tenencia de la tierra.

[7]Gesell, cap. 4.4

[8] Everett, Daniel L., “Cultural Constraints on Grammar and Cognition in Pirahã: Another Look at the Design Features of Human Language” Current Anthropology, Aug-Oct 2005. Vol.46, No. 4

[9] Prentice, Jessica. Stirring the Cauldron – New Egg Moon, April 13, 2005. www.wisefoodways.com

[10] Lee, Richard. The Dobe !Kung. P. 101

[11] Sahlins, Marshall. Stone Age Economics, p. 209

Notas del traductor

[*] He traducido, con cierta libertad, el término inglés demurrage como ‘aplazamiento’. Demurrage es una tasa pagada al dueño de un barco, por las demoras que sufre la carga de su barco en un puerto. La idea subyacente en este contexto, es que sería una tasa o impuesto a la demora o el aplazamiento en la circulación de la moneda. Impuesto a la demora en la circulación de la moneda, sería una traducción más exacta. Interés negativo, sería también apropiado.

La obra de Silvio Gesell mencionada, El Orden Económico Natural, puede bajarse completa(los tres tomos), en español, aquí.

Traducción de Mauro Lacy

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