Una nueva dirección de pensamiento ha sido estimulada por el intento de Einstein de transformar conceptos fundamentales de la física. El intento tiene también importancia para el desarrollo de la filosofía. Hasta ahora, la física daba cuenta de los fenómenos accesibles a ella imaginándolos dispuestos en el espacio vacío tridimensional, y teniendo lugar en el tiempo unidimensional. Así, se asumía que espacio y tiempo existían fuera e independientemente de los objetos y eventos, en cantidades fijas. Con respecto a los objetos, medíamos distancias en el espacio; con respecto a los eventos, medíamos duración en el tiempo. Distancia y duración, de acuerdo a esta visión del espacio y del tiempo, no pertenecen a los objetos y eventos. Esta visión ha sido ahora contrapuesta por la teoría de la relatividad presentada por Einstein. Desde esta perspectiva, la distancia entre dos objetos pertenece a los objetos mismos. Una distancia específica a otro objeto es un atributo, una propiedad como cualquier otra propiedad que un objeto pueda tener. Las interrelaciones son inherentes a los objetos, y fuera de estas interrelaciones no hay tal cosa como espacio. Asumir la existencia independiente del espacio permite concebir una geometría para ese espacio, una geometría que puede ser aplicada al mundo de los objetos. Esa geometría surge en el mundo de los pensamientos puros, y los objetos deben someterse a ella. Podemos decir que las relaciones en el mundo deben obedecer leyes que fueron desplegadas en el pensamiento antes de que los objetos reales fuesen observados. La teoría de la relatividad destrona esa geometría. Sólo los objetos existen, objetos cuyas relaciones pueden ser descriptas por medios geométricos. La geometría se vuelve una parte de la física. En ese caso, sin embargo, ya no podemos seguir diciendo que las leyes de la geometría puedan ser establecidas antes de que los objetos sean observados. Ningún objeto tiene un lugar en el espacio, sino sólo distancias relativas a otros objetos.
Una suposición similar es hecha sobre el tiempo. Ningún evento existe en un punto específico en el tiempo; ocurre a una distancia temporal de otro evento. Así, las distancias espaciales y temporales entre objetos interrelacionados son similares y fluyen juntas. El tiempo se vuelve una cuarta dimensión que es similar a las tres dimensiones del espacio. Un evento sucediéndole a un objeto puede ser descripto sólo como teniendo lugar a una distancia temporal y espacial de otros eventos. El movimiento de un objeto puede ser concebido sólo como sucediendo en relación a otros objetos.
Se cuenta ahora con que sólo esta concepción proveerá explicaciones sin fallas de ciertos procesos en física, mientras que asumir la existencia de espacio y tiempo independientes nos lleva a pensamientos contradictorios sobre estos procesos.
Cuando consideramos que muchos pensadores han aceptado sólo esos aspectos de las ciencias naturales que pueden ser presentados en términos matemáticos, la teoría de la Relatividad contiene nada menos que la anulación de cualquier ciencia real de la naturaleza. Porque justamente es esto lo que fue considerado el aspecto científico de las matemáticas; que podía determinar las leyes de espacio y tiempo independientemente de las observaciones de la naturaleza. Ahora, en contraste, se afirma que los objetos y procesos naturales mismos determinan las relaciones espaciales y temporales; estos objetos y eventos tienen que proveer el elemento matemático. El único factor cierto es entregado a la incertidumbre de las observaciones espaciales y temporales. De acuerdo a esta visión, todo pensamiento de una realidad esencial que manifiesta su naturaleza en la existencia está prohibido. Cada cosa es solamente en relación a alguna otra cosa.
En la medida en que los seres humanos nos veamos a nosotros mismos en el contexto de objetos y procesos naturales, no seremos capaces de escapar de las conclusiones de esta teoría de la relatividad. Sin embargo, si nuestra experiencia de nosotros mismos como seres nos previene de perdernos en meras relatividades, como si en un estado de parálisis del alma, y si queremos experimentar nuestra propia entidad, no debemos buscar lo que es “substancial en si mismo” en el reino de la naturaleza, sino en la trascendencia de la naturaleza, en el reino del espíritu.
No será posible evadir la teoría de la relatividad para el mundo físico, pero precisamente este hecho nos conducirá al conocimiento del espíritu. La importancia de la teoría de la relatividad se encuentra en señalar la necesidad de conocimiento espiritual, que tiene que ser buscado por medios espirituales, e independientemente de la observación de la naturaleza. Que la teoría de la relatividad nos fuerce a pensar de esta manera, constituye su valor en la evolución de nuestra visión del mundo.
Rudolf Steiner. Los enigmas de la filosofía. 1914-1923 (GA 18, en el catálogo de la edición en inglés.)
Traducido por Mauro Lacy. El título no pertenece al pasaje original.