Como esos días invernales de tormenta y sol, que temblorosos se apagan por instantes y hacen del mundo espectáculo del torcedor de la Indecisión, tuve algunos míos, luego de conocer a la Eterna, en que entre ella y el Arte y el Misterio, vacilé, en tanta oscuridad y apocamiento venía yo. Del todo desextraviado, vivo desde entonces en el hallazgo.
Macedonio Fernández. Museo de la novela de la Eterna.