Hace un tiempo hablando con un antropólogo que ha leído mucho de política e historia, nos decía que en su opinión lo más dificil de entender en términos socio-históricos, es el surgimiento y la conformación del peronismo. Decía que hay estudiosos que se han pasado años leyendo e investigando sobre el tema, y no pueden terminar de entender al peronismo como movimiento político y social.
En ese momento concordamos: el peronismo es efectivamente un movimiento complejo, contradictorio, de orígenes y fundamentos relativamente inciertos y ambiguos.
El otro día, viendo un documental sobre el exilio y retorno de Perón al país, tuve la pista que me llevó a la comprensión cabal del peronismo. La pista consiste en la observación de que la dirigencia de aquel entonces, representada por el general Lanusse, se veía completamente desbordada por los acontecimientos. Esto es: era incapaz de gobernar al país, en el sentido profundo, noble si se quiere, del término. Era verdaderamente incapaz de hacerlo.
Para entender al peronismo, hay que entender entonces que el peronismo surje como una reacción, como una especie de respuesta inmunológica del organismo social, frente a la estupidez, incapacidad, mezquindad y ceguera de las clases dirigentes argentinas. O sea, el peronismo no es más que una consecuencia relativamente natural, una respuesta social, a las dirigencias y sectores de poder que históricamente han “gobernado” la Argentina. Sólo una oligarquía tan mezquina, tan indiferente no sólo a los reclamos populares, sino también a los grandes destinos posibles de la nación, y una burguesía tan rastrera, oportunista, ladina y vulgar han podido producir un movimiento social y político tan inusual como el peronismo como respuesta.
Entonces, si se quiere comprender el peronismo, lo que hay que hacer es estudiar la historia argentina. El peronismo surgirá casi como una inevitabilidad histórica, frente a tanta incapacidad, mezquindad, y falta de grandeza de nuestras clases dirigentes.
Y el peronismo moderno, es también consecuencia de este proceso. Es también una mezcla rara, que se hace eco de los reclamos populares pero sólo hasta cierto punto, que tiene siempre el as de la traición en la manga, que está siempre dispuesto a transar, a venderse al mejor postor, a negociar con lo más sagrado, sean la sangre, el sudor y las lágrimas de su pueblo, o sea el siempre postergado, pero siempre posible, gran destino nacional.
En suma: el peronismo es lo mejor que tenemos. Es una especie de destilado político relativamente balsámico, que se ha formado a nivel social.Si estuviera la burguesía lisa y llana en el poder, por ejemplo mediante la rama política que es continuación del antiguo partido radical, la situación del país sería mucho peor. Y si estuviera la oligarquía, mediante una rama militar y un gobierno de facto, o mediante una rama política de derechas, que no tiene ni siquiera la capacidad de terminar de conformarse, ni hablar.
Cuando Borges decía que los peronistas son incorregibles, tenía razón. Pero lo son porque sus supuestos corregidores son peores que ellos. Borges también se responde en cierto modo a si mismo cuando dice que ser argentino es algo indefinible. Es esa indefinición, esa tendencia a dejar todas las opciones sobre la tabla, esa ceguera, dejadez e indiferencia en cuanto a un gran proyecto de país soberano, libre, y próspero, particularmente por parte de nuestras clases dirigentes, la que ha llevado al surgimiento de algo como el peronismo a nivel político.